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Diferencias en las vinculaciones amorosas

Cuando los miembros de la familia suelen entrar en discusiones entre ellos denotan que se toman muy en cuenta el uno al otro, si así no lo hicieran serían más indiferentes entre sí.

Es cierto que los conflictos no son del todo negativos porque son una forma para encarar los asuntos; pueden ser una vía para descansar de la relación mediante un tiempo de distanciamiento, marcar límites o nuevos acuerdos que conlleven a restablecer las individualidades. 

El asunto es que todo esto se puede lograr sin llegar a pugnas. Para cambiar la expresión del amor, y no hacerlo a través del choque sino de formas más armónicas, es necesario aprender nuevas maneras de vinculación, como el diálogo consciente en el que se pueda decir lo que se siente y el otro lo escuche sin sentirse ofendido, sino más bien con la mayor empatía. 

Las relaciones amorosas implican que nos esforcemos en solucionar nuestras diferencias con las personas con quienes siempre estaremos vinculados, como es el caso de nuestros familiares.

Nótese que hablamos de diferencias y no de problemas, ya que esta palabra tiene una connotación menos negativa. Las diferencias pueden aprovecharse para conocerse mejor, concientizar los parámetros del otro, “poner las cartas sobre la mesa”, negociar, y tomar decisiones favorecedoras. 

No olvidemos que cuando somos adultos el criterio de ninguno debe imperar sobre el otro. Cada uno ha de respetar su propia integridad y la del otro, en pro de la comunidad.

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